El precio de la gloria: Por qué participar en el Mundial 2026 podría no ser negocio para todas las selecciones
El Mundial 2026 será un espectáculo sin precedentes con 48 selecciones disputando el trofeo más codiciado del planeta. El negocio del entretenimiento deportivo se encuentra en su punto más alto, y los ingresos de los patrocinadores, esquemas de televisión y entradas de estadios están fluyendo de manera masiva hacia las arcas de los organizadores. No obstante, detrás de los imponentes reflectores y las multimillonarias cifras de ganancias, se esconde una realidad operativa sumamente costosa para las federaciones invitadas.
Según información presentada por Imagen Radio, la FIFA prevé recaudar la exorbitante suma de 8,900 millones de dólares durante el año del certamen. Aunque esta derrama representa un crecimiento comercial histórico para la entidad, expertos de la industria advierten que la dispersión geográfica entre tres naciones y 16 sedes elevará los gastos de transporte, logística y alojamiento a niveles nunca antes vistos en eventos deportivos, convirtiendo el viaje en un reto financiero.
Si bien la FIFA incrementó los estímulos para las federaciones nacionales elevando la bolsa total de premios a 871 millones de dólares, el dinero podría evaporarse rápidamente. Cada selección participante tiene asegurados 12.5 millones de dólares, y el cuadro que se corone monarca ganará 50 millones. El problema es que los viáticos de delegaciones numerosas y la falta de acuerdos de exención tributaria en Canadá y Estados Unidos generarán un fuerte impacto en los presupuestos de los equipos más modestos.
Diversos especialistas del Observatorio del Fútbol del CIES indican que los equipos que queden eliminados en la primera fase o en las rondas iniciales podrían terminar con números rojos o ganancias nulas. Se calcula que para que una federación obtenga beneficios económicos reales y limpios de impuestos o gastos logísticos, necesitará llegar como mínimo a la instancia de cuartos de final, una meta deportiva que no está al alcance de la gran mayoría de las naciones competidoras.
Finalmente, el impacto local en las ciudades organizadoras también se mantiene bajo un manto de duda. Mientras los contratos le garantizan a la FIFA la mayor porción del pastel comercial por derechos de transmisión (4,000 mdd) y patrocinios, las sedes locales deben costear con fondos públicos los servicios de seguridad, infraestructura urbana y movilidad, lidiando además con fluctuaciones en el sector hotelero por cancelaciones imprevistas de habitaciones.
